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Huevadas que paltean: El extraño caso del politólogo que hizo trabajo de campo en una Municipalidad II

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Son las 9:00am de un día cualquiera en la vida común, sosa y patética de un politólogo. Él se encuentra redactando algunos papers sobre partidos políticos peruanos. “Ejecutivo fortalecido, crisis de partidos políticos, espíritu conciliador continuidad del modelo neoliberal”, repite cada vez que puede o cree que es necesario. “Total, me pagan por hacer una sopa de letras con esos conceptos”, afirma cínicamente mientras se sirve café. “Ahora tengo un trabajo que hacer. Me iré a una municipalidad en provincia, haré una descripción densa, una etnografía que será el boom”. Él se abocará durante un tiempo prolongado (dos días) a entrevistar al alcalde y a un par de regidores de la municipalidad distrital de Chuchanamarca. Ha coordinado con esas autoridades y se reunirán con él en el lobby de un hotel cinco estrellas en la ciudad del Cusco. “¡Qué difícil es hacer etnografía en este país! ¡Una locura reservar los pasajes! ¡Menos mal que la secretaría de la especialidad ya tenía reservado el hotel! Me siento decidido”, redacta en su muro de Facebook. Sus contactos le empiezan a dar like, algunos shares. Sus alumnos le comentan emocionados y admirados por tan decidido y valiente etnógrafo. Responde a todos los comentarios y le da like a todos los halagos y elimina los comentarios de los trolls fujimontesinistas que osan interpelar su trabajo de campo, su etnografía. “Mira, en San Marcos no hay politología. No hay revistas indexadas, no hay nada. Ni tienen aulas”, responde a un comentario para luego eliminar el comentario y bloquear a ese alzado perfil.

Llega al aeropuerto del Cusco, el taxi del hotel lo espera. Se instala en su cuarto, se ducha, abre su laptop. Toma una foto panorámica de la ciudad del Cusco. “Ya llegué al Cusco. Estoy esperando a las autoridades del distrito Chuchanamarca. ¡LISTO PARA EMPEZAR MI TRABAJO DE CAMPO! Me siento emocionado”, escribe nuevamente en su muro de Facebook. Previamente ha enlazado su post de Facebook con su cuenta de Instagram. Los likes y shares empiezan a llegar. “Carajo, ¿a qué hora llegan esos huevones? Por las huevas les envié la transferencia vía Banco de la Nación. Tengo que ir a comer mi filete de alpaca a la huancaína con quinotto”, piensa mientras espera a las autoridades de la humilde Chuchanamarca. “Crisis de partidos, continuidad del modelo neoliberal, el Ejecutivo fortalecido”. Ya ha pasado media hora y en el lobby asoma tímidamente un personaje marrón. El alcalde es un hombre de talla mediana, rollizo, de papadas amplias y se observa que tiene una leve cojera. Viste un jean, una camisa blanca y zapatos negros. Mira directamente al politólogo, le extiende la mano y le dice que lo disculpe por la tardanza. Chuchanamarca está a 10 horas en cuatro por cuatro de la ciudad del Cusco. El alcalde hizo todo lo posible para llegar, pero la camioneta de su primo se averió y tuvo que tomar una minivan para, sí, para ver al politólogo en el lobby de un hotel cinco estrellas cusqueño. “Ok, entiendo. Pero antes, una foto”, le dice el politólogo. Se toma una selfie con el alcalde como si fuera una artesanía local. Escribe: “¡Ya llegó el alcalde de Chuchanamarca! ¡Empieza el trabajo de campo! Me siento decidido”. Los likes y shares hacen vibrar a su Iphone 6. Se sientan ambos y el politólogo pide dos cafés americanos. Revisa sus papeles y le pregunta al alcalde de Chuchanamarca si se le puede grabar. El alcalde responde que sí, pero antes tiene que decirle algo muy importante al sacrificado politólogo: “Doctor, tiene que ayudar a Chuchanamarca. Tenemos un problema con la mina y, bueno, aquí traigo un oficio donde con los regidores lo invitamos a la municipalidad para que conozca más sobre este problema que estamos viviendo. Doctor, queremos que nos ayude. Usted nos ayudaría mucho. Necesitamos ese apoyo”, le pide directa y fuertemente al politólogo el alcalde distrital. El politólogo duda y responde que es francamente imposible porque tiene ya el vuelo reservado y que dentro de tres días tiene que estar en una conferencia sobre la crisis de partidos. El alcalde se levanta del sillón de cuero, se cae la taza de café americano y los demás clientes del hotel los miran a ambos. “Bueno, Doctor. He viajado durante diez horas para venir acá y usted no quiere darnos ese apoyo. También he venido al Cusco para hacer algunas gestiones y me retiro esta tarde. Usted no me apoya y yo no le apoyo. Así quedamos. Nos vemos, concha tu madre”, le dijo amablemente el alcalde de Chuchanamarca. El politólogo se queda pasmado y no supo cómo reaccionar. Su Iphone 6 sigue vibrando con los comentarios de sus alumnos donde le declaran su admiración por ser un etnógrafo tan decidido y aventurero. “Puta madre, si no tengo esas entrevistas, mi proyecto se cae. La financiación se va a la mierda. Son 50 mil soles al agua. Puta madre. ¡Todo por una entrevista de mierda!”. El politólogo revisa sus contactos de su celular, busca el nombre de Agustín Huillca. Lo llama. “Alcalde, voy a Chuchanamarca”

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