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Quienes aún no lo han notado, deberían abrir bien los ojos: Keiko Fujimori ya tiene el control del gobierno sin haber ganado las elecciones. Y lo ha hecho a punta de fuerza bruta, miedo y maximización de fuerzas. En esta última parte de nuestra Editorial de año nuevo, explicaremos cómo el Fujimorismo busca destronar al Antifujimorismo como fiel de la balanza en las elecciones del 2021.

Como dijimos en la Parte 3 de nuestro Editorial, la victoria de Pedro Pablo Kuczynski sobre Keiko Fujimori se basó en el apoyo sincero de diversos sectores antifujimoristas, especialmente el del Frente Amplio de Verónika Mendoza, gracias al cual pudo ganar buena parte de los votos del Sur Andino. Este apoyo no fue automático como él esperaba, sino que fueron necesarios ciertos gestos de campaña, como el rechazo a los hechos de corrupción de la década de 1990. El proceso de la segunda vuelta hizo que Kuczynski se ganara la eterna enemistad de Keiko, así como la posición beligerante de su bancada en el Congreso.

Si el proceso de la segunda vuelta representó el punto de quiebre entre PPK y Keiko para los próximos cinco años, la censura al Ministro Saavedra y la reunión en la casa de Cipriani definieron el balance de fuerzas entre ambos para dicho período. A través de golpes de baja intensidad, Fuerza Popular ha sabido tomarle el pulso al gobierno a través de una doble estrategia de garrotes y zanahorias: Los garrotes van desde la censura a Ministros, el bloqueo de iniciativas legislativas, y en última instancia, la vacancia presidencial debido a la implicación del Presidente en el Caso Lava Jato; mientras que las zanahorias serían, obviamente, puestos de trabajo en el Estado (¿qué más podría ser, pues?).

(Ya ni sabemos de qué año es esta foto)
La clave aquí es la vacancia presidencial. Durante la segunda vuelta, el antifujimorismo ‘prestó’ parte de su identidad a Kuczynski, tapándose la nariz y haciéndose de la vista gorda frente a la hoja de vida de nuestro actual Presidente: Desde el escándalo de la página 11, pasando por su labor a favor de Hunt Oil durante su tiempo como Premier de Alejandro Toledo, hasta, por supuesto, su participación de las muy favorables concesiones que la empresa brasileña Odebrecht obtuvo para la construcción de la Carretera Interoceánica (como parte de un proyecto más grande para la construcción de una infraestructura vial Sudamericana, el IIRSA, uno de los mayores proyectos geopolíticos de Brasil durante la década pasada), así como diversas licitaciones grandes y proyectos de inversión ganados por dicha empresa.

Odebrecht representa para nuestra clase política lo que una guerra nuclear significaría para Estados Unidos y Rusia: No importa quién apriete el botón primero, al final todos mueren por igual. Para quienes aún creen que la presencia de esta empresa en nuestro país viene de la época de Toledo, informarles que Odebrecht opera en el Perú hace más de 40 años en los más diversos rubros del sector construcción/infraestructura, siendo nuestro país, el primero fuera de Brasil en donde dicha empresa operó. Sí, el Perú fue el laboratorio en donde Odebrecht diseñó las líneas generales para una estrategia internacional de corrupción que hoy abarca 28 países y mueve casi 30,000 millones de dólares por año (cinco veces más que lo que Alberto Fujimori le robó al país durante 10 años de gobierno).

Si todos los gobiernos de los últimos 40 años (incluido el de Fujimori) están involucrados en la red de corrupción de Odebrecht, lo ‘racional’ por parte de nuestra clase política sería ponerse de acuerdo entre todos para no mencionar el tema y ‘dejar que este caso se resuelva a través de los cauces legales correspondientes’, o sea, tirarle la pelota al Poder Judicial para que éste lo resuelva cuando de los involucrados sólo queden sus cenizas flotando en el cosmos. Pero como bien sabemos, en el Perú las cosas nunca funcionan así.

Hay que recordar algo obvio: Fue la circunstancia de tener a Toledo, García, Humala, Villarán y Castañeda ocupando cargos públicos lo que los convirtió en intermediarios de la red Odebrecht. Como formalmente el Fujimorismo no cogobernó con ninguno (a pesar de haber conservado mandos medios en diversos sectores del Estado), ellos pueden argumentar que al no estar ‘manchados’ tienen todo el derecho a pedir la vacancia. Un escenario ‘brasileño’ de golpe parlamentario (con todo lo positivo que podamos decir sobre los logros sociales del Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma, es imposible negar que ambos están salpicados por este escándalo). Si por casualidad a alguien se le ocurriera usar la carta de las actividades de Odebrecht en el Perú de los 90’s, a Keiko le bastaría decir que ella era muy joven para saber lo que pasaba, y que no es responsable por hechos de corrupción que seguramente le endilgaría a Montesinos. Fin.

La estrategia fujimorista está funcionando: Fuerza Popular no sólo logró censurar al único Ministro del Gabinete Zavala con logros concretos, ahora amenaza asolapadamente con censurar al del Interior, y cuando lo haga no hay nada que indique que vaya a parar luego. Al abdicar de pedir la cuestión de confianza para Saavedra o de jugar con la posibilidad de cerrar el Congreso (algo que, por cierto, nosotros hubiéramos apoyado), Kuczynski perdió todas las posibles armas que tenía para hacerle un pare, al menos temporal, a la aplanadora fujimorista. A eso agréguesele el presente envenenado de Cipriani en una reunión absurda, vergonzosa y sin otro objetivo que no sea demostrar quién tiene la sartén por el mango en este gobierno. Que PPK salga a decir luego que ‘no se dejarán pisar por una mayoría en el Congreso’ ya es francamente risible. El eterno chantaje de la vacancia, combinado con la creciente presencia de cuadros de Fuerza Popular en el Ejecutivo (según la lobbista fujmorista Cecilia Blume, para entregarle a Keiko un Perú ‘más ordenado’ en la siguiente elección), sumado a un gobierno errático con capacidades nulas de comunicación y respuesta; nos está llevando en rumbo de colisión hacia un escenario realmente desastroso el 2021.

Con una bancada débil, fragmentada y distanciada de su líder, Peruanos por el Kambio no tiene la posibilidad de ofrecer ningún tipo de resistencia a una vacancia presidencial, mientras que el resto de bancadas aprovecharían para pescar a río revuelto de este proceso. Incluso las bancadas que fueron puestas por los dos únicos candidatos reformistas liberales existentes en este momento tienen intereses de por medio; evitando actuar por distintas razones. En el caso de Acción Popular, es bien sabido que Alfredo Barnechea evitó sumarse a la campaña antifujimorista de la segunda vuelta bajo el frío cálculo político de que polarizar con Keiko como Presidenta sería más fácil que con PPK; mientras que en el caso de los grupos que conforman el Frente Amplio, la vacancia de PPK (a quien apoyaron) los pondría en una disyuntiva sin solución: “¿Con qué cara vamos a salir a defender a un Presidente acusado de corrupto así sean los Fujimoristas los que lo denuncien? ¿Qué vamos a decir? ¿Del mal menor a la corrupción menor? Imposible”.

“(…) El eterno chantaje de la vacancia, combinado con la creciente presencia de cuadros de Fuerza Popular en el Ejecutivo, sumado a un gobierno errático con capacidades nulas de comunicación y respuesta; nos está llevando en rumbo de colisión hacia un escenario realmente desastroso el 2021”.

Bajo estos planteamientos, ¿pueden las cosas ir peor? Por supuesto que sí. Si las tendencias se mantienen como están, y Keiko decide no promover la vacancia a cambio de ir ganando espacios en el Estado, los cuadros de Fuerza Popular se posicionarán en espacios claves, teniendo acceso a contratos, obras públicas y licitaciones, inyectando dinero fresco y constante a la campaña del 2021. A mayor dinero, mayores intereses creados al interior del Fujimorismo; y a mayores intereses creados, mayor será la brecha entre las posiciones de Keiko y su hermano Kenji. Si bien ya fueron notorias las diferencias personales entre ambos durante la segunda vuelta (recuerden que Kenji no fue a votar por su hermana, para empezar), el contexto no daba para una ruptura frente a una alianza electoral entre PPK y la izquierda. Sin mayores rivales al frente y con pleno acceso al aparato del Estado; Keiko y Kenji ya no se sentirían más como aliados útiles y podrían dividirse a finales del año 2020 con vistas a las elecciones, con todo lo que eso puede implicar. Es una posibilidad real, tomando en cuenta que tal como están las cosas, Keiko está estancada en el escenario del 2011. Posicionada en la extrema derecha, siempre será vencida por un candidato ‘moderado’ que se gane la confianza (así sea de mala gana) de los sectores liberales y progresistas. En pocas palabras, la única forma de que Keiko gane, es teniendo de contendor en la segunda vuelta algo peor que ella. Y hasta el momento, lo único peor que Keiko… es Kenji.

(¿Así, o más claro?)
Por un momento imaginen una segunda vuelta entre Keiko y Kenji Fujimori, hijos del Presidente más corrupto de nuestra historia, en pleno año 2021, cuando cumplimos 200 años de vida independiente como República, frente a los ojos de toda América Latina y el mundo. ¿Consideran imposible este escenario? Bastaría recordar de qué lado estaban los candidatos a la segunda vuelta del 2016 durante las elecciones del 2011. Si las elecciones del 2016 generaron la paradoja del quiebre electoral de la derecha por hegemónica, las del 2021 pueden generar el quiebre electoral del fujimorismo por hegemónico al interior del aparato del Estado. ¿Les sigue pareciendo imposible? Bueno, en el año 2000 también les parecía imposible que Alan García volviera a intentar (sólo intentar) ser Presidente.

¿Podría existir aún algo mucho peor que todo eso? Sí, que el sector más bruto y necio del Fujimorismo busque acelerar el proceso y que la vacancia sea efectiva este año o el próximo; convocándose a nuevas elecciones en donde Keiko muy probablemente ganará. No nos engañemos, la espiral de desgracias puede llegar hasta el infinito.

La Ley de Murphy se inventó en el Perú.

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