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Barranco, crónica de un espacio prohibido

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He vivido en Barranco toda mi puta vida. Mi viejo compró una casa al fondo de un callejón de un solo caño, menos la fachada, un poco más allá de las fronteras ahora materiales que el paso del Metropolitano delimita. En esa parte de Barranco en la que los mafiosos de tiendas Metro aún no han quemado los mercadillos para construir sus supermarkets y donde puedes encontrar (aunque usted no lo crea) a los mercaderes conversando en quechua. Sí, sí, Barranco, el que está junto a Miraflores, ese.

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“-Is this Barrancou?
-Ari papa”
Barranco, según las personas con las que he conversado, te define. No falta nunca uno al menos que te dice que su sueño siempre ha sido “vivir en Barranco”. Tan bohemio! Tanta historia! Las hermosas casas! La Bajada de los Baños! La Plaza! El Puente de los Suspiros! El Malecón! Las playas! Barranco, la tierra de los molinos, de la vieja Lagunita, del nuevo Museo de Arte Contemporáneo, del Cinematógrafo, de todas las miserables ediciones del Casa Cor… El Dragón, el Tizón, El Sargento, El Juanito, el Ayahuasca… Las Suites de Barranco, Oh Yeah, Oh Fucking Yeah! ¿Miraflores? Nah qué ver!!! Si Barranco no es tan mainstream y es bohemio.

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“Oye, con la empresa no te metas ah! Chamba es chamba”

A menudo me preguntan “¿Qué se siente vivir en Barranco?”. Yo me imagino que en ese momento esperan todo tipo de respuestas relativas a La Comarca. Y que yo soy el puto Frodo rodeado de puros Elijah Woods con pantalones con tirantes, camisas a cuadros y sombreros casuales con protección UV. Pero como ya ‘saben’ la respuesta a su propia pregunta, continúan… “¡Es tan bohemio y tranquilo!”. Espérate un ratito, causita. First of all, preguntar “¿Qué se siente vivir en Barranco?” es en sí además de absurdo, una pregunta estúpida. Simplemente porque cada cual siente las cosas a su modo… ajá!

Frodo

“Golum, vamos a las Suites, tengo un deber que cumplir”

Ahí está el punto. No sería “¿Qué se siente vivir en Barranco?”, sino “¿qué sientes tú de vivir en Barranco?” o “¿cómo te sentirías tú si vivieras allí?” o… “¿Cómo te gustaría sentirte si vivieras en barranco?”. Porque ser barranquino en Lima no es solo una cuestión de referencia geográfica, no, señor! Ser barranquino en Lima es una cuestión de estatus. Y eso es algo que, sin decirlo, bien lo sabe todo el mundo. Mi respuesta, particularmente, es que tengo las bolas llenas de pura bohemia, la tengo fermentada y también en polvo. Yo quisiera plantear una pregunta más simple y que, por ser su respuesta tan ‘obvia’, nadie nunca me ha preguntado.

¿Qué carajos es en realidad Barranco?

Empecemos por el principio, al menos desde finales del siglo XIX. Barranco era entonces una aldea de 20 casas de barro y caña brava, construidas en la costa de un mar de aguas diáfanas que se precipitaban contra una columna de barrancos pulidos (de ahí el nombre), marrones y enormes como huevos de gigantes (?). Barranco era tan reciente, que muchos cholos carecían de nombre, y para mencionarlos había que señalarlos con el dedo. Todos los años, por el mes de diciembre, las familias de adinerados y aristocráticos gitanos del Cercado de Lima (porque Lima estaba cercada) plantaban sus carpas en la Bajada de los Baños, cerca de la aldea, y con grande alboroto de pitos y timbales empezaban la temporada de verano. Entonces Barranco, en buen peruano, era el Asia Sur del siglo XIX.

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“Oie, mi virreycito, luego nos vamos más al sur porque ese tranvía ya huele a quesito”

-Ya huevón, ya me aburriste, pero ¿en qué ha cambiado entonces?

Barranco, o Barrancuspi, con el paso del tiempo y la explosión del Cercado de Lima fue incorporado geográficamente a la metrópoli. Primero carretas, luego un tranvía, luego los autos, ahora, el Metropolitano. Pero a pesar de las distancias, cortas y lejanas, Barranco en esencia no ha cambiado en nada. Siempre ha sido el mismo club de los amiguitos. El club del hijo del escultor Víctor Delfín (es lo único que se sabía de él y dicen que es antropólogo… como yo), notable mártir barranquino que en un arranque de locura (a lo Kukín Flores seguramente) destruyó a combazos unas placas conmemorativas a artistas y poetas que había puesto la municipalidad debido a que las placas según él eran “…un muro horrible que merece ser destruido porque impide que veamos el mar, la casa de Valdelomar y la Cruz de Barranco”. Su inspiración fue el poema “Angustia del Espacio” de Moro (¿?). Barranco es un balneario privado.

“This… is… Barrancouuuu!!!”

“Lo hice por mi Yahaira (?)”

En los restaurantes de las playas barranquinas (o mejor dicho, por fuera de ellos), no puedes dejar arena en las veredas (a medio metro de las playas que esos restaurantes usurparon) porque los ensucias (en la playa… con arena). El grito de la moda en Barranco es el color blanco. Los tienes en mandil o en uniforme completo. A veces paseando ancianos, niños o perros. No te metas al Boulevard porque esa es zona liberada y ya ha sido contaminada por chorrillanos y surcanos. Si te quieres meter tu chamuko tranquilo y eres clasi, siempre está el Wahios. Barranco es tan bohemio, que discotecas como el Tizón, por ejemplo, se reservan el derecho de admisión, abstenerse manchas de Charlies Brown (y no es de oídas). En general todo espacio en Barranco tiene ley propia puesto que Barranco sigue siendo un club privado.

Hace unos años se retomó una vieja tradición del distrito, las Fiestas de Carnavales de Barranco. Evidentemente fue un desastre para los ‘residentes’ debido a que tuvo mucho acogida, mucho alboroto… mucho carnaval. Y les dejaron el club hecho concha. Y luego de ello la municipalidad (órgano político de las juntas de vecinos del malecón) lo eliminó. Sin embargo, recientemente un grupo de pichicortos y arenosas ha creado un evento en el facebbok llamado “Carnaval de Barranco – Nadie nos para”. Porque según ellos son carnavalescos (arruga, Bajtín!). El ‘carnaval’ mencionado será en las calles de Barranco, pero, adivina… se reservan el derecho de admisión y, ‘ocasionalmente’, abren las invitaciones a su fiestita privada. Esta sarta de hijos de las violaciones de las tropas chilenas que pasaron por Barranco que todavía viven en sus casas de cartón (¿?) están organizando una ‘fiesta’ en la vía pública pero con un evento cerrado de invitaciones cerradas y en donde literalmente han puesto (y luego borrado) que no quieren que llegue “gente de toda Lima” y tú, privilegiado de primera o segunda clase, solo puedes invitar “a tus patas brothers causas al evento” (Sic.). Tampoco puedes llevar pinturas (porque los uniformes de sus empleadas deben mantenerse blanco armiño). Es decir, no puedes acceder a su fiesta en la calle! Este Pithecanthropus, barrancaíno de nacimiento, desde su cubil espera que termine siendo una fiesta de puras puertas de la zona industrial de Villa el Salvador, que este club barranquino de los que sobran sea desplazado y apabullado y que sus hermosas casas de madera del siglo XIX terminen calentando piedras para pachamanca.

“Nosotros también somos puertas… pero de la Bauhaus”

Un temita para pasar el trago

“Gracias, Diosito, por todo lo que me das. Pues Dios también es fino… Y es Dios de mis amigos! Sííí!!!”

Apago el Ipad. Uy curuju!

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