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DESCENDIENTE DE FRANCISCO BOLOGNESI ‘QUEMA’ HASTA EL ÚLTIMO CARTUCHO EN WILSON

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(Fuentes Saludo a la Bandera) En un esfuerzo de indagación sin precedentes, el equipo de investigaciones de El Panfleto ha descubierto que uno de los descendientes no reconocidos del gran héroe nacional, Francisco Bolognesi, fiel a su tradición, no deja cartucho sin ´quemar’… en las conocidas galerías de Wilson.

“También vendo la versión crackeada de Fifa 2015″

En efecto, el descubrimiento sucedió cuando uno de nuestros redactores estaba buscando a un hacker al paso para poder recuperar su cuenta de HI-5 donde tenía fotos comprometedoras de su antigua militancia en la juventud comunista y en el club de fans y comedor popular “Pablo Milanesa”. En esas circunstancias, al estar buscando de galería en galería, se encuentra con el autodenominado “Rey de los Cartuchos” quien le ofrecía venderle cartuchos marca “ECSON” llenos de tinta de lapicero Faber Castell a 35 lucas cada uno. Al entablar conversación con el vendedor, y a punto de ser estafado como siempre, al redactor le fue revelada la ascendencia del sujeto ya que éste le dijo “mira, sobrino, yo acá vendo y ‘quemo’ hasta el último cartucho de impresora no solo por un tema económico sino para honrar el legado de mi bisabuelo que fue el gran Bolognesi. Si hasta me maquillo para parecerme como él a pesar de tener un cacharro que me emparanta más al hermano feo de Avelino Cáceres”.

Según el “Rey de los Cartuchos”, su linaje –aunque no reconocido por la venerable familia oficial del héroe peruano- se remonta al mismo Bolognesi ya que él tuvo un breve pero intenso affaire con la señora que le arreglaba el cuarto en sus estadías militares. En ese sentido, informó, aparte de su famosa frase sobre “el último cartucho”, el Coronel posee otra menos conocida pero parecida dedicada a la señora en cuestión, la cual dice “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta darle en el último cuartucho”.

«Y acá también»

Al ser consultado por su trayectoria de vida, el Rey se confesó: “Yo tenía una vida normal de clase media baja hasta que decidí endeudarme con Ripley por una impresora. Al atrasarme un poco, de 3 cuotas de 30 dólares terminé pagando 95 de 80 dólares más las moras. Reclamé ante todas las instancias pero nadie me hizo caso. Entonces, decidí hacer justicia con mis propias manos. Le quitaría todo el mercado posible de impresoras y cartuchos a estas empresas chilenas abusivas y explotadoras. Sé que es una labor ociosa e innecesaria pero no descansaré hasta ‘quemar’ el último cartucho en el intento. Ojalá que los demás peruanos se den cuenta de las malas prácticas de estas empresas”, señaló antes de seguir estafando a incautos con sus productos bambeados.

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