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Henry “Botellita” Chávez: historia de un pelotero de barrio peduano

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Se me ha exigido desde la redacción de El Panfleto Perú escribir un artículo académico relacionado al mundo pelotero peduano. La verdad, estimados lectores, yo no juego fútbol ni canicas. Hacer deporte me parece molesto e innecesario para mi vida de intelectual angustiado por tópicos más intedefamtes; pero creo que es necesario realizar un pequeño artículo sobre este tipo de seres antropomorfos. De esa manera, a través de este “pelotero ficticio” procedo a explicar el porqué nosotros jamás como país clasificaremos a los mundiales Rusia 2018, Qatar 2022 y Namekusei 5678.

Mi entrada es siempre a través de las percepciones y prácticas cholas. De esa manera, me sirvo de la biografía de Henry “Botellita” Chávez, otrora promesa del fútbol nacional, digno representante de la miseria de las periferias urbano marginales cholas peloteras. Empiezo por lo primero, como diría el célebre filósofo Fleischmann:

Botellita nació en un asentamiento periurbano marginal formado por sujetos del posconflicto, o sea cholos posconflictuados. Desde joven se dedico a jugar al fútbol con sus amigos de barrio. Culminó con las justas el colegio secundario. Era diestro en robar pelotas, meter codazos y escupir en la cara a los jugadores del otro equipo mientras el árbitro andaba distraído. Mentaba la madre para amedrentar a sus rivales, iba borracho a los partidos gracias a la mezcla de yonque, cañazo y cerveza, gileaba a la gringasha del barrio y tenía amigos matones que amenazaban con romperte las rodillas si marcabas a Botellita. Tenía todo el prospecto ideal para ser dirigente del Partido Aprista o ministro del interior, pero decidió ser futbolista. Primero fue contratado en el Sport Boys gracias a sus compañeros marcas del Callao; luego, pasó a Sporting Cristal donde fue despedido por amanecer borracho en la planta de la Backus; y, finalmente, fue el refuerzo estrella de Alianza Lima en la Copa Libertadores de un año ficticio porque ni Alianza u otro equipo peduano puede si quiera jugar decentemente en torneos internacionales. En este torneo el equipo llegó hasta cuartos de final.

“¡Botellita era el refuerzo estrella del equipo que llegó a cuartos de final en la Copa de Libertadores!”, “¡Nadie nos para!”, “¡Pedú al mundial!”, “¡Tiembla Messi!”. Ese tipo de titulares circulaba entre medios deportivos expertos en vender humo tal como lo hacen algunos politólogos o sociólogos en sus columnas de opinión en El Comercio. A “Botellita” inmediatamente se le subieron los humos: compró en cuotas un carro deportivo de último modelo, empezó a salir con las más rankeadas modelos y vedettes del medio local, sus apariciones en las secciones de espectáculo eran continuas, le llegaron denuncias por maltrato físico a sus parejas y adeudaba pensiones de alimentos a sus cinco hijos. La carrera de Botellita estaba tambaleando, pero él se creía el campeón del mundo por haber llegado a cuartos de final en la Copa Libertadores. Así de patético. Nunca más alzó vuelo. Se conoce que fue contratado como ‘paquete’ en equipos de provincia de media tabla hasta que desapareció del fútbol de primera división. Dicen que siguió peloteando en la Copa Perú. Lo último que se supo de él fue mató a una persona mientras manejaba ebrio por la avenida Arequipa. Su carro último modelo acabó en San Jacinto y él en la cárcel por tres años. Luego desapareció de la farándula local.

Sin embargo, Botellita resucitó como todo refrito peduano. Un programa matutino de noticias lo invitó a conducir un segmento denominado “Botellita pregunta”. En este segmento se dedicaba a preguntar a peloteros más jóvenes sobre su vida personal. Debido a su éxito en este segmento fue invitado a participar en el “Gran Chou” donde causaba carcajadas estentóreas por su peculiar forma de bailar. Han bautizado su esperpento de coreografía como el “Baile de Botellita”. Su última incursión en la televisión nacional fue su vergonzosa aparición en “El Valor de la Verdura”. En ese programa vendió sus intimidades para ganar 15 mil soles. Así, gracias a las ridiculeces que performa en televisión, pudo ahorrar un poco de capital para abrir una cevicheria en el primer piso de la casa de su madre. Ahora se dedica a administrar el restaurante además de animar eventos en discotecas de Lima Norte. Apago la grabadora.

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