Influencer
sustantivo, especie urbana. Ser humano que un día despierta con 200 mil vistas y al siguiente con 200 me divierte de sus cuentas fake. Vive de la atención ajena, se alimenta de trends y su depredador natural es el algoritmo con resaca. Para los influencers del Perú, la cima dura lo que demora un screenshot en llegar al grupo de WhatsApp equivocado. De ahí, al olvido: un pasito. Con música triste de TikTok, claro.
El deporte extremo de volverte irrelevante en influencers Perú
La caída de fama no siempre llega con drama. A veces llega con algo más cruel: indiferencia. Ya ni te funan, ya ni te insultan, ya ni te corrigen el “haber” con “a ver”. Solo te dejan de seguir como quien borra una app que ocupaba espacio y no servía para nada.
Y no, no todo es cancelación en internet. Hay gente que cae porque metió la pata. Hay gente que cae porque se metió en negocios raros, de esos que empiezan con “confía” y terminan con “depósita hoy para asegurar tu cupo”. Y hay gente que se apaga por salud, por burnout o porque la vida real le metió un cachetadón y le dijo ya, basta de show, anda a dormir, causa.
El algoritmo no es tu amigo. Es tu jefe tóxico. Te aplaude un día, te ignora al siguiente, y si te quejas te dice “no es personal, es rendimiento”. Bienvenido al circo.
Influencers Perú, del trend al silencio
Rodrigo Fernandini: un plato y el internet con antorcha
Rodrigo Fernandini arrancó el 2025 con una polémica que no necesitaba. Publicó un video preparando zarapatera de tortuga y se le vino el cargamontón: críticas por la especie usada y por el mensaje que se podía normalizar. El tema escaló, el ruido se puso pesado y él terminó retirando el video y ofreciendo disculpas públicas.
Así funciona la autopista del internet: el público no siempre quiere aprendizaje. Muchas veces quiere show. Y si no hay show, igual te lo fabrican con comentarios y recortes.

Soy Maryorit: reclamar lo justo igual te cobra peaje
En 2024 reventó una controversia por el uso no autorizado de la imagen de Soy Maryorit en un video del Ministerio de Energía y Minas. Se armó debate sobre derechos de imagen, llegaron críticas con ganas y, en medio del pleito, se reportó que sus cuentas terminaron suspendidas. Luego volvió a publicar y a retomar presencia, pero con una verdad que nadie quiere aceptar: incluso cuando estás defendiendo algo legítimo, igual te cae hate.
En el mundo de influencers en Perú, tú puedes tener razón, pero la razón no te salva del morbo. La gente no siempre entra a entender. Entra a opinar como si tuviera toga, mazo y diploma de juez en la mochila.

Crhiss Vanger: cuando la promesa de dinero fácil termina en noticia de verdad
Este caso no es “me bajó el alcance”. En noviembre de 2025, medios reportaron que Crhiss Vanger era investigado por presunta estafa agravada y apropiación ilícita vinculada a “Vanger Haus”, con denuncias de más de 160 personas y un monto reportado superior a S/ 1.5 millones. A eso se sumó una alerta pública de la SBS sobre personas y entidades que reciben dinero del público sin autorización, donde figura su nombre.
Aquí ya no hay lugar para el humor de “jajaja el algoritmo me odia”. Cuando el asunto se pone serio, el contenido se vuelve comunicados, aclaraciones, entrevistas y silencios que suenan a culpa aunque no lo digan. La audiencia ya no quiere storytime, quiere respuestas. Y el encanto del influencer se convierte en una cosa fea: desconfianza.

Oscar Curi: te ausentas y el internet te vela en vivo
Oscar Curi se ausentó de redes durante su viaje a India por temas de salud, y el internet hizo lo que mejor hace cuando no tiene oficio: inventar tragedia. En 2024 circularon rumores sobre su supuesta muerte y se compartieron como si fueran chisme de barrio, sin verificar nada, con esa emoción enferma de “yo lo vi primero”. Luego reapareció, desmintió todo y pidió que dejaran de difundir información falsa. La moraleja es asquerosa pero real: en redes, si no posteas, te inventan una película. Si posteas, te inventan otra, solo que con mejor edición y peor intención.

Los Viza: cuando el algoritmo te dejó en visto y tú te fuiste nomás
Los Viza anunciaron en 2025 que se alejaban de redes por motivos personales. Sin escándalo, sin llanto con música triste, sin “les debo una explicación”. Solo un mensaje directo que, para el internet, es casi ofensivo porque no trae chisme, no trae sangre, no trae pelea.
Y eso también es caída, pero distinta. No es “me cancelaron”. Es “me cansé”. Es “tengo vida”. Es “me quiero un poquito”. Y claro, el feed no te espera. El feed te reemplaza. Te cambia como quien cambia de canal porque empezó la publicidad.

Último aviso para los que creen que esto dura
La cima es bonita, sí, pero es frágil. Y el olvido no siempre significa fracaso. A veces significa que la vida real te obligó a apagar el personaje. A veces significa que te pasaste de vivo. Y a veces significa lo más triste de todo: que al público ya no le importas ni para odiarte.
Hoy eres tendencia. Mañana eres “¿alguien sabe qué fue de…?”. Y pasado mañana eres un ejemplo en un blog, como este, para que otros no se crean inmortales en un feed que te escupe cuando se aburre. No es maldad, es costumbre. El show nunca para, carajo.
¿Quieres más chisme con filo? Dale otra al El Panfleto.




