Congreso del Perú: ¿El Único Trabajo Donde Ganas por No Hacer Nada?

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congresistas flojos Perú

Arranca la semana y el Congreso del Perú vuelve a dar cátedra de innovación laboral: un empleo donde puedes llegar tarde, gritar como placera, pelear por tonterías, rascarte los huevos, y cobrar puntual jurando que “representas” a alguien. El sueño peruano, pero con credencial y sonrisa de trámite. Todo suena formal: pleno, comisiones, fiscalización, agenda. Pero si miras de cerca, es una oficina donde el trámite nunca acaba y el usuario siempre eres tú.

El “trabajo legislativo” y la ciencia de huevear con acta

En teoría, el trabajo legislativo es debatir, proponer, fiscalizar y mejorar el país. En la práctica, el Congreso del Perú ha perfeccionado disciplina: administrar el tiempo muerto. Siete horas de cuestión previa, tres gritos, dos indignaciones teatrales y cero conclusiones, pero con acta, lista de asistencia y transmisión. Ahí está la magia: convertir la nada en procedimiento.

La cámara es el supervisor. La polémica, el KPI. Si no hay foco, no hay urgencia. Si no hay trending, no hay patria. Y cuando alguien reclama, aparece el comodín: “estamos trabajando”. Sí, claro, como el Wi-Fi que dice conectado y no carga nada.

Sueldos políticos, comisiones y el arte de cobrar por no hacer ni mierda

La gente discute cifras, pero el chiste no necesita números: en cualquier chamba real, si rindes así, te botan con tu cajita y una puteada. Aquí, en cambio, la continuidad se protege con reglas, fueros y una capacidad infinita para verse ocupado.

Las comisiones pueden ser salas VIP para estirar la vida. “Vamos a investigar”, dicen, y el país aprende que investigar es citar, hablar duro, fruncir el ceño, pedir documentos y dejar todo “en evaluación”. Fiscalización como show con papel sellado. El gasto público corre, como taxi con taxímetro roto: nadie sabe por qué sube, pero sube.

Ranking de postales que explican el Congreso

A veces el Congreso hace cojudeces por cuenta propia y encima se molesta si uno lo repite.

Lucinda Vásquez y el spa legislativo del “caso cortaúñas”

La congresista Lucinda Vásquez fue captada en una foto en su despacho mientras un asesor le cortaba las uñas (y el tema terminó metido en la Comisión de Ética). O sea: tú pagando Estado para que la “representación” incluya grooming con personal de oficina.
Para el congreso la patria no se gobierna, se exfolia.

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Ricardo Burga y la siesta como herramienta de fiscalización

El congresista Ricardo Burga fue captado dormido durante una sesión virtual de comisión mientras el ministro del Interior exponía. No es que se le cerraron los ojos: es que el cuerpo dijo “hasta acá” y se declaró en huelga de atención.
Cuando el país arde, él optimiza energía y se rasca los huevos con acta.

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Elvis Vergara y Angry Birds como resumen del trabajo legislativo

El congresista Elvis Vergara fue grabado jugando en el celular durante el Mensaje a la Nación (sí, el videojuego fue Angry Birds, como niño rata iniciado). En vez de escuchar al Ejecutivo, el hombre decidió que la verdadera política pública era reventar chanchos con resortera. La República como fondo, el ranking del jueguito como prioridad nacional.

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Adriana Tudela y Alejandro Cavero con el hemiciclo en modo recreo

En el mismo Mensaje a la Nación, se reportó a Adriana Tudela mirando el celular y bromeando con Alejandro Cavero, riéndose como si el hemiciclo fuera patio de colegio con sueldo político. El país pagando por atención, y ellos entregando “chacota con quórum”. Si la democracia es seria, estos la están ghosteando en vivo.

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Gasto público y reuniones que pudieron ser un correo

Dentro del Congreso del Perú, el gasto público se siente como aire: está, nadie lo ve, pero igual lo respiras y lo pagas. Se convoca reunión para coordinar otra reunión, se arma mesa de trabajo para “articular” un informe que termina durmiendo en un cajón, y se celebra la foto como si fuera entrega de resultados. Y cuando el país pregunta “¿avance?”, el congresista responde con jerga y cara dura: “se coordinó”. Perfecto: el verbo favorito del que no entrega nada.

Lo mejor es cuando la austeridad se convierte en cuento y aparecen los pedidos finos: frigobares para despachos como si legislar diera sed de hotel, pizarras de vidrio templado porque la pizarra normal no refleja el ego, alfombras como si el hemiciclo fuera boda en club privado, televisores/pantallas para que el show se vea mejor desde adentro, y hasta gastos por estacionamiento exclusivo como si “representar” incluyera derecho constitucional a no caminar. Todo esto con documentos y reportajes que han ido saliendo, y la defensa siempre es la misma: “son necesidades de trabajo”. Claro, porque sin frigobar el proyecto de ley no cuaja, y sin alfombra el debate no tiene piso.

Leyes absurdas y productividad como maquillaje barato

Cuando al Congreso le entra el apuro de “producir”, a veces sale lo peor: leyes absurdas, gestos simbólicos y soluciones con olor a servilleta. Se puede inflar la estadística, llenar titulares y decir “hemos trabajado”, aunque tu vida no cambie nada. Producir no es servir. Sacar normas no es arreglar el país. Pero la narrativa se vende, y el papel aguanta.

Y sí: hay congresistas que estudian, proponen y hacen bien su rol. El problema es el diseño: permite que el que no hace nada también cobre, también figure, también tenga cuota de poder y encima se indigne si le dices flojo. En este ecosistema, rascarse los huevos puede llamarse “coordinación interinstitucional” si lo escribes bonito.

El congreso del Perú, el trabajo soñado de todo flojo

El Congreso del Perú funciona como máquina que normaliza lo absurdo con lenguaje formal. Todo queda en trámite, todo queda en comisión, todo queda en evaluación. El ciudadano paga y mira, con cara de ventanilla, cómo la política se vuelve rutina y el gasto público paisaje. En el Perú, el trabajo soñado no es el que te da dignidad: es el que te da impunidad. Y para eso, el Congreso siempre tiene cupos.
Si el país fuera una empresa, el Congreso sería el área donde todos cobran y nadie deja entregables.
Para más disecciones, lee El Panfleto.

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