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Puno

Me dijo que era pansexual y libertina pero solo se sabe la pose del misionero

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(Jefri 27, Independencia) Tío Vladi, tengo una consulta que ha desgarrado mi corazón de panetón. Me he enamorado de una chica que estudia antropología en la PUCP, tiene 19 años, vive en Miraflores y tiene una genealogía digna de una princesa sueca.

Cuando empecé a salir con ella, pensé estar con la chica más hardcore punk de todo el Pedú. ¿Por qué? Tiene el cabello azul, usa panties negras, tiene tatuajes de Belcebú en los brazos, piercing en los labios y en las orejas, se pinta las uñas de color verde limón, siempre viste una faldita de colegiala (esas a cuadritos, qué rico) y usa un polito con el logo de los Ramones.

Con ese tipo de look, cualquiera puede pensar que es una chica contestaria, rebelde y punkie punkie. Siempre me hablaba del suicidio como una extraña forma de expresar “arte”; otras veces, me comentaba que se inició sexualmente con un empleado del San Sil; y, otras, que le encantaba parchar antes de leer a Sylvia Plath. Me recomendaba libros sobre pansexualidad, satanismo y teoría queer. Yo soy un humilde estudiante UNMSM que apenas tiene tiempo para ir a la universidad después de llenar colectivos en La Colmena. Cuando la conocí, pensé que estaba frente a una chica extremadamente rebelde y malota. “¡OBVIO! ¡VIVE EN MIRAFLORES Y TIENE EL CABELLO AZUL!”, pensé. Cada vez que me invitaba a comer makis, me hablaba sobre un tal Bukowski y sobre sus aventuras sexuales con tres estudiantes de intercambio y un perro gran danés.

Todo iba bien, hasta que decidí dar el siguiente paso: yo ya quería tirar después de tragarme sus rollos durante dos semanas. En “Los Tubos” nos metíamos nuestros respectivos chapes y la paleteaba toda, pero yo ya quería un buen cepilleo. “Si ella es tan pansexual, rebelde, tiene tatuajes y tiene el cabello azul, obviamente tiraríamos. Sería una sesión ricolina de BDSM. Quiero que me ate y me saque la mierda esa hija de puta satánica”, pensé.

Cuando le propuse tirar después de chupar tres quebrantas con cifrut, ella se sonrojó y luego lloró. Me dijo que era un cerdo sexista y que ella no era un puta. “Mi cuerpo, mi territorio”, me dijo. Pero luego de chupar unas cuantas chelas más en el Sky, fuimos ambos a un telo de 10 lucas en Guzmán Blanco. En el camino al telo me dijo que me la coja. En mi cara se dibuja una sonrisa deforme y sedienta de alcohol y de coños rosados. “Por fin, carajo, por fin”

Cuando estábamos en los previos, ella me confesó que era virgen y que jamás había parchado. Le armé un mixto para que se anime, pero ella me dijo que pasaba, que era un drogadicto y un desgraciado. “Te voy a denunciar a la policía. Me has traído a un hueco asqueroso de 10 lucas y me quieres tirar y drogar. ¡ERES UNA MIERDA!”. Le contesté que ella me había contado que había tirado en el baño de una disco con tres gringos después de parcharse todo el puto VRAEM. Que lo que estábamos haciendo era algo super soft a comparación de las huevadas hardcore que me contaba. “Lo siento, flaco; pero yo no soy así. Puta, en serio, sorry, chuls”.

¡TODO ERA UN PERFORMANCE! Un absurdo y rídiculo performance, tío Vladi. “Miraflorina posera de mierda”, pensé.

Todas las citas de Bukowski, los rituales satánicos, la teoría queer y la liberación sexual de la mujer quedaron en nada. Me di cuenta que ella era solo una flaca con aspiraciones clase medieras: tener hijos, casarse con alguien de su medio (un rockero o un artista posconceptual) y largarse a hacer un posgrado en alguna universidad gringa. Cuando me dijo que era virgen y que esas eran sus aspiraciones, quedé devastado. “¿Dónde estaba mi chica de cabello azul y verde que era hardcore y rebelde? ¿Dónde quedó esa promesa de sexo salvaje y drogas duras?”

Una chica de mi barrio que jamás ha leído a Bukowski tiene más experiencias sexuales y de vida que ella. Una pena.

¿Qué hago tío Vladi? Ella me sigue buscando y me dice que esta vez sí quiere tirar y dejar de ser tan conservadora a pesar de que se llena la boca de ser libertina. CONSEJO DEL TÍO VLADI Querido Aldair, tuviste que darte cuenta desde la primera vez que te invito ese maki acevichado. No seas cojudo, pues, hombre. Por más que esa flaquita se pinte como hardcore, el habitus le gana. Es una niña bien del San Sil que solo quiere a su Francois y no a un marrón misio como tú. Bien desgraciado eres para llevarla a un cuarto de drywall y querer tirar ahí. Si te sigue buscando, saca la vuelta, cholito. Mejor llama a la Yanira que ella sí es positiva y a pesar de que no sabe quién carajos es E.E Cummings, tira como los dioses y es la más lancelot de todo Collique. Yatusá, no jodas y apechuga.

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