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La pastilla contra el conservadurismo, por Karen Anaya de Promsex

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“Es abortiva”, “los óvulos son persona”, “no uses condón”, “es un tema que solo favorece a las organizaciones abortistas”, “se trata de un negocio”, “en lugar de preocuparse por otros temas más importantes, se están preocupando por la píldora del día siguiente”. Todo eso, y más, se ha dicho sobre la anticoncepción oral de emergencia, conocida como “píldora del día siguiente”, pero hasta el momento poco se ha hablado sobre su importancia para nosotras, las mujeres.

El lunes 22, el 1er Juzgado Constitucional de Lima dictó una medida cautelar que ordenó al Ministerio de Salud, en un plazo no mayor a 30 días, a distribuir la anticoncepción oral de emergencia de forma gratuita a nivel nacional. De esa manera, se revierte una situación discriminatoria generada por la sentencia del Tribunal Constitucional del año 2009, que prohibió al MINSA la distribución de la AOE en la oferta pública, pero no su venta en el ámbito privado. Esta situación impidió que muchas mujeres, especialmente las más pobres y con menor información, accedan a la pastilla. Fue el caso de miles de adolescentes, mujeres del área rural, víctimas de violencia sexual, entre otras.

Desde el año 2009, pese al argumento de la “defensa de la vida” (aun cuando está comprobado que la AOE no es abortiva); nadie, menos aún los grupos conservadores, ha criticado que la píldora se continúe vendiendo en el ámbito privado. Por el contrario, los grupos conservadores se han dedicado principalmente a desinformar sobre los efectos de la AOE y a dejar especialmente a las mujeres víctimas de violación sexual impedidas de prevenir un embarazo no deseado. Los “defensores de la vida” no tomaron en cuenta que la misma también se afecta cuando se obliga a una mujer a continuar con un embarazo tras una violación sexual. También parecen ser ajenos a las estadísticas que señalan que en nuestro país se registra una de las más altas tasas de denuncias por violación en Suramérica, siendo la mayoría de víctimas adolescentes.

Pero, ¿cómo se generó dicha situación de injusticia contra las mujeres? Como no podía ser de otra manera, además de los magistrados de TC de la época y los representantes del gobierno a quienes les falto decisión política para volver a disponer de la pastilla, los máximos responsables fueron los representantes conservadores de la Iglesia Católica, quienes se opusieron en su momento a la distribución gratuita de la AOE y siguen defendiendo a ultranza el supuesto “efecto abortivo” de la pastilla. De hecho, en el año 2009 fue la ONG de carácter religioso “Ala sin Componenda” la que demandó al MINSA para que desista de repartir la AOE. Ello, pese a la evidencia científica respaldada por la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, el Colegio Médico del Perú, entre otros, que señalaba de manera contundente que la píldora solo es eficaz en los primeros días posteriores a la relación sexual, inhibiendo la ovulación o evitando el paso de espermatozoides. En otras palabras, no puede interrumpir un embarazo ni dañar al embrión en desarrollo.

Hoy hemos ganado una batalla, pero no la guerra. Si bien estamos avanzando en la garantía de los derechos de las mujeres, aún nos queda mucho trabajo para garantizar que esta victoria no sea mermada por las opiniones personales y religiosas de grupos conservadores que únicamente han demostrado estar en contra de nuestros derechos haciendo de sus opiniones la política pública del Estado.

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